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Estoy convencido de que la unión hace la fuerza, como los granos de una uva dan la mejor cosecha de vino. Por eso brindo este espacio para que podamos echar en el mismo lagar todos nuestro mejores granos y asi ir construyendo una parroquia y pueblo mejor.
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martes, 5 de noviembre de 2013

Racimo de charlas biblicas: 3 - DECALOGO PARA EL SERVICIO

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Vivir la sencillez es vaciar el corazón de todas las cosas innecesarias que lo ocupan, y llenarlo del tesoro de la amistad, de la cercanía y del encuentro humano con los demás

1. Perspectiva bíblica
No acumuléis para vosotros tesoros en la tierra, que la polilla y el orín corroen y los ladrones desentierran y roban. Acumulad tesoros en el Cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen, y donde los ladrones no excavan ni roban; pues donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón (Mt 6,19-23).

Los tesoros en la tierra son frágiles: están expuestos a ladrones de toda calaña, a que se los coma la polilla, a que desaparezcan. Jesús cree que a las riquezas, que consideramos, tan “fuertes” (esto seguro si tengo mucho) les afecta una gran fragilidad.

Los “tesoros en el cielo” son los tesoros que uno acumula desde el evangelio: la ayuda que se da a los débiles da el tesoro de ver que ellos crecen y salen a flote, el consuelo que el tiempo que se ofrece al necesitado proporciona el tesoro de percibir que su corazón se apacigua; el amor que se siembra en la vida de los marginados da el tesoro de ver que son reinsertados socialmente.

El corazón se adhiere al tesoro indefectiblemente. Por eso el Evangelio anima a poner el corazón en el gran valor de la persona (sobre todo la persona débil). Y ahí está seguro el corazón.

2. Perspectiva ética
La persona se autoafirma ocupando todo el espacio de su corazón, amándose a sí misma más que a nadie. El Evangelio sostiene que si haces sitio en tu corazón tu personalidad no sale empobrecida, que un corazón ocupado puede ser un corazón feliz.
Lo que más sacia la vida de las personas es la relación humana. Lo bueno de nuestra vida son las relaciones buenas; lo que más nos hace sufrir son las heridas relacionales. Cultivar la relación es ir por buen camino.
La construcción de relaciones sociales que fomenten los encuentros sencillos, sin grandes gastos, cosas cotidianas, espacios sociales de amistad etc. Contribuyen a una vida sencilla y gratificante.

3. Perspectiva práctica
Hay que hacer una higiene del corazón porque lo llenamos de cosas inútiles, de preocupaciones tontas, de inquietudes insensatas que lastran mucho el corazón y nos amargan la vida. Hay que limpiar el corazón.
Hay mucho innecesario en nuestra vida. Quien va viviendo con lo que necesita sin más, aprende una gran sabiduría. No se trata de ser tacaño, sino de no perderse en bobadas que, al final, pasan una gran factura (no solo económica) a nuestro corazón.
Estamos tan equivocados, dice Sábato, que creemos que la felicidad es ir de compras. La felicidad está en cosas sencillas y cotidianas: un paseo por el campo, un café tomado con una persona amable, una conversación amistosa, un rato de oración, una lectura interesante, un diálogo con personas que nos enriquecen. Ese es el gran tesoro del encuentro humano que no solamente no está reñido con la sencillez, sino que sabe conjugar muy bien sencillez y disfrute.


Racimo de charlas biblicas; 2 - DECALOGO PARA EL SERVICIO

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Vivir la sencillez es tener más alegría al dar, o al compartir, que al recibir, porque has descubierto el poder misterioso que tiene la palabra gratuidad

1. Perspectiva bíblica 
Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que tiene poder para construir el edificio y daros la herencia con todos los santificados. Yo de nadie codicié plata, oro o vestidos. Vosotros sabéis que estas manos proveyeron a mis necesidades y a las de mis compañeros.  En todo os he enseñado que es así, trabajando, como se debe socorrer a los débiles y que hay que tener presentes las palabras del Señor Jesús, que dijo: “Mayor felicidad hay en dar que en recibir” (Hechos 20,32-35).

Estas palabras pertenecen a la despedida de san Pablo de la Iglesia de Mileto en su viaje a Jerusalén para entregar la colecta. Describen un poco la vida de Pablo en sencillez, trabajo y austeridad. Él tenía un oficio (trabaja haciendo toldos y tiendas de campaña) y de ese oficio vive (Pablo era fariseo y los fariseos tenían que saber un oficio para que no estuvieran tentados de vivir de la enseñanza de la Ley).
Ha sido también un trabajo que le ha permitido compartir el fruto con sus propios compañeros. No ha trabajado Pablo para enriquecerse él, sino para él y sus compañeros pudiesen vivir con dignidad.
Y con ese trabajo ha socorrido a los débiles con espíritu de solidaridad. Esa generosidad le ha procurado mucha alegría haciendo bueno el dicho de Jesús de que hay más alegría en dar que en recibir. Es la única vez que san Pablo cita textualmente el Evangelio (una frase atribuida por cierto a Jesús que los evangelistas no consignan). Y la única vez que cita es sobre la generosidad en el compartir. Así ha entendido Pablo el Evangelio.

2. Perspectiva ética
La alegría de dar brota no por la soberbia de que yo soy muy generoso, sino porque se percibe que con la ayuda ofrecida el otro va siendo persona más entera, más desarrollada. Así la dignidad de la persona brilla con fuerza. Hay que estar muy imbuido de la ética de la dignidad para que cale una nueva noción de compartir.
La razón del compartir no puede ser la pena que nos causa el pobre, aunque no esta mal, ni siquiera la mera caridad religiosa. Hay que compartir por razones de humanidad, porque quien necesita mi ayuda es una persona humana y si no ayudo su humanidad (que nunca desaparece) queda velada, oscurecida. Es preciso hacer “brillar” la humanidad del débil. El compartir es el camino bueno.
El compartir más “puro” es el que se hace desde la gratuidad, desde la actitud de quien no espera que se le devuelva el favor. Por eso la gratuidad es un principio de actuación ética. La gratuidad ennoblece a quien ofrece la ayuda y no humilla a quien la recibe.

3. Perspectiva práctica
Hay que contagiarse la alegría del dar, ya que la sociedad y nosotros mismos nos contagiamos con frecuencia la “tristeza” del dar que se traduce en tacañería. No se puede dudar de que siendo generosos con gratuidad  algo nos dice por dentro que eso nos enriquece, una alegría brota ahí dentro.
El compartir es un aprendizaje que hay que hacer desde niños hasta ancianos, es un proceso. No depende de una generosidad natural (que no está mal), sino del interés por hacer que mi vida esté ofrecida en una parte a otros que la necesitan.
Habría que hacer continuas prácticas de gratuidad, sin pedir nada a cambio, sin andar aireando lo bueno que hacemos, sin reclamar aplausos o gratitudes por lo que damos. Si nos agradecen, recibamos el agradecimiento; pero si no lo hacen, continuemos siendo generosos.


Racimo de charlas biblicas; 1-DECALOGO PARA EL SERVICIO

1
         Vivir la sencillez es no necesitar muchas cosas para ser feliz, no cayendo en el consumismo ni en las modas que nos obligan a comprar lo nuevo, lo último

1. Perspectiva bíblica

Le dijo uno de la multitud: —Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. Y él le dijo: —Hombre, ¿quién me ha puesto como juez o repartidor sobre vosotros? Y les dijo: —Mirad, guardaos de toda codicia, porque la vida de uno no consiste en la abundancia de los bienes que posee. Entonces les refirió una parábola, diciendo: —Las tierras de un hombre rico habían producido mucho. Y él razonaba dentro de sí, diciendo: “¿Qué haré? Porque ya no tengo dónde juntar mis productos.” Entonces dijo: “¡Esto haré! Derribaré mis graneros y edificaré otros más grandes. Allí juntaré todo mi grano y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años. Descansa, come, bebe, alégrate.” Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta noche vienen a pedir tu alma; y lo que has provisto, ¿para quién será?” Así es el que hace tesoro para sí y no es rico para con Dios (Lucas 12,13-21).
 Repartir herencias siempre ha sido un lío. El derecho romano decía que había que repartir si lo solicitaban ambas partes; el derecho judío bastaba con que lo solicitase uno solo. Ahí subyace la codicia: que se me dé lo mío, aunque el otro no quiera (y en el fondo: que se me dé lo mío y lo del otro). La codicia está detrás del ansia de tener.
El Evangelio viene a decir que el almacenamiento es insensato porque la vida depende de un hilo. Pero, además de insensato, es injusto, porque si tú almacenas es casi siempre a costa de otros, de coger a otros sus bienes y llevarlos a tu lado.
La fórmula correcta habría sido des-almacenar,  poner los bienes al servicio de todos. Eso habría sido obrar sensatamente.

2. Perspectiva ética

El almacenamiento de bienes que es una vida contraria a la sencillez tiene consecuencias en otras partes del planeta, en otras personas. Se almacena a costa siempre de alguien. Mi manera de consumir, de gastar, de ahorrar no es inofensiva. Tiene consecuencias para otros.
Más aún, el almacenamiento, lo contrario a la sencillez, entra en el terreno de la injusticia: almacenar, tener muchas cosas innecesarias, aunque me las pague con mi dinero, es un terreno próximo a la injusticia o claramente injusto. No es que debamos ser sencillos porque debamos ser austeros, sino porque si no lo somos caemos en injusticia. Este es el gran argumento.
No podremos enseñar a la gente joven la sencillez si no la hacemos sensible a la realidad de la justicia, a la evidencia de que yo no puedo hacer con lo mío lo que quiera a espaldas de las situaciones de los pobres.

3. Perspectiva práctica

Hay que controlar las “muchas cosas” que vamos acumulando y que nos son innecesarias. Hay que controlar ese mecanismo, falso, que nos dice que tener mucho nos va a traer mucha felicidad.
Tenemos que consumir, porque es necesario para vivir. Pero hagámoslo con sensatez, con sentido de la justicia y mezclándolo a una actitud solidaria. Un consumo desenfrenado es absurdo y, además, no termina de dejarnos contentos en el fondo.
Hemos de ser fuertes ante las modas que son, muchas veces, insensatas porque están manipuladas por quienes quieren enriquecerse a nuestra costa. No creamos que somos “más” por seguir una moda. Somos más si el corazón es más humano, más solidario.
Todos somos conscientes de lo absurdo que suele ser muchas veces “lo último” que nos quieren vender. Deja de serlo dos meses después y ya hay otra cosa que es lo último. Que el criterio de adquisición sea nuestra verdadera necesidad y que tengamos en cuenta la situación de quienes no acceden